¿Cuál debería ser
la forma correcta de enfocar el caso Julian Assange? Para empezar, se
deben poner en una balanza sus pros y sus contras. ¿Es absolutamente
ético su accionar profesional de entregar -a veces sin análisis,
relevancia o protección de fuentes- información a la opinión pública,
poniendo a veces la seguridad de los Estado en peligro? ¿O este
argumento esgrimido por muchos de sus detractores queda enano y liviano
si lo comparamos con los datos que nos ha entregado para ver con
claridad y detalles lo miserables que muchos gobiernos son en realidad?
¿Quiénes acusan y quiénes defienden a Assange? Bueno, acusan porfiadamente los afectados y en este caso la clase empresarial y política acostumbrada a la corrupción que infestan los países del mundo. Aquellos que por lo cochino de su accionar tienen la necesidad de transar en las sombras. También hay gente decente que cuestiona más su forma que el hecho mismo de publicar información de relevancia.
Saquemos un botón de prueba. En Abril de 2010 WikiLeaks publica un video sobre la muerte de once iraquíes a manos del Ejército de Estados Unidos sucedido en Julio de 2007. También propala la grabación de un ataque de helicóptero que causó unos 12 muertos en bagdad, incluidos dos periodistas.
Antes de Wikileaks, se creía que la información clasificada de los países estaba seguro, no solo por la reserva en que se manejaba sino porque se creía que el sistema controlaba el flujo total de información. Assange demostró que había huecos por donde se podía filtrar información de importancia y satisfacer el fin supremo del periodismo: servir al público. En realidad esos huecos ya se conocían y se usaban pero no en la magnitud en que Wikilearks lo hizo. No con el impacto que ha tenido en el mundo. Lo diferente fue entregar lo que se necesitaba hace rato para dar soporte a las denuncias de abusos y corrupción: pruebas palpables.
Hoy en día Julian Assange se encuentra asilado en la embajada ecuatoriana en el Reino Unido, acusado legalmente no por el hecho de publicar información clasificada que es lo que realmente lo ha convertido en un objetivo a desaparecer, sino por un tema cuestionable como lo es la denuncia de violentar sexualmente a dos mujeres en Suecia.
Según la abogada colombiana Carolina Botero Cabrera directora del grupo de trabajo en Derecho, Internet y Sociedad de la Fundación Karisma, “no existe en el mundo un solo caso de países que se unan para perseguir a un criminal por delitos sexuales”. Explica que la estrategia de acusar a Assange por delitos sexuales es para tamizar el caso y hacerlo ver no como una “criminalización” por difundir información secreta sino como un acto de justicia contra una persona sin “valores”.
La información debe fluir. Pero debe pasar antes por las manos de un profesional de la comunicación, con ética, capaz de manejar la información para trabajarla y entregarla al público. ¿Algo difícil de pedir?
¿Quiénes acusan y quiénes defienden a Assange? Bueno, acusan porfiadamente los afectados y en este caso la clase empresarial y política acostumbrada a la corrupción que infestan los países del mundo. Aquellos que por lo cochino de su accionar tienen la necesidad de transar en las sombras. También hay gente decente que cuestiona más su forma que el hecho mismo de publicar información de relevancia.
Saquemos un botón de prueba. En Abril de 2010 WikiLeaks publica un video sobre la muerte de once iraquíes a manos del Ejército de Estados Unidos sucedido en Julio de 2007. También propala la grabación de un ataque de helicóptero que causó unos 12 muertos en bagdad, incluidos dos periodistas.
Antes de Wikileaks, se creía que la información clasificada de los países estaba seguro, no solo por la reserva en que se manejaba sino porque se creía que el sistema controlaba el flujo total de información. Assange demostró que había huecos por donde se podía filtrar información de importancia y satisfacer el fin supremo del periodismo: servir al público. En realidad esos huecos ya se conocían y se usaban pero no en la magnitud en que Wikilearks lo hizo. No con el impacto que ha tenido en el mundo. Lo diferente fue entregar lo que se necesitaba hace rato para dar soporte a las denuncias de abusos y corrupción: pruebas palpables.
Hoy en día Julian Assange se encuentra asilado en la embajada ecuatoriana en el Reino Unido, acusado legalmente no por el hecho de publicar información clasificada que es lo que realmente lo ha convertido en un objetivo a desaparecer, sino por un tema cuestionable como lo es la denuncia de violentar sexualmente a dos mujeres en Suecia.
Según la abogada colombiana Carolina Botero Cabrera directora del grupo de trabajo en Derecho, Internet y Sociedad de la Fundación Karisma, “no existe en el mundo un solo caso de países que se unan para perseguir a un criminal por delitos sexuales”. Explica que la estrategia de acusar a Assange por delitos sexuales es para tamizar el caso y hacerlo ver no como una “criminalización” por difundir información secreta sino como un acto de justicia contra una persona sin “valores”.
La información debe fluir. Pero debe pasar antes por las manos de un profesional de la comunicación, con ética, capaz de manejar la información para trabajarla y entregarla al público. ¿Algo difícil de pedir?
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