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| ¿Ningún arquitecto le pudo decir al alcalde que el "barroco" no se pinta? |
Como
si fuera un vals de ciegos, las cosas en Huallanca van y viene a veces sin un
norte: un paso adelante y otro pa` atrás. Esta es una pequeña crónica y queja de
mi retorno después de haber estado ausente por más de nueve años de mi amado
terruño. Lo que encontré fue menos tachos de basura útiles, más cemento, menos
flores, más borrachos y más extraños que imponen su desorden y orines a falta
de una AUTORIDAD que ame realmente a su pueblo y sepa por qué RUMBO debe GUIAR
a nuestra vendita tierra, rica, hermosa y raras veces generosa CONSIGO MISMA.
LLEGADA
Era el 27 en la noche y la emoción de volver a disfrutar
del paseo de antorchas nos invadía a toda la familia. Habían pasado más de
nueve años desde la última vez en que yo mismo participé en una. A tan solo
tres horas de haber pisado nuestro suelo vivo después de tantos años y de haber
intercambiado con gusto energías para reconocernos, ya nos alistábamos para
salir.
Al charlar, los diversos y exóticos y hasta estrambóticos
faroles que conocimos en nuestra infancia empezaron a ser descritos: los con
forma de cóndor, las clásicas banderas, las prácticas botellas, los cactus
huallanquinos, los toros, los triángulos, etc. También recordamos a los temerarios
volcanes que pocas veces se construían y a los feroces y vistosos dragones
lanzallamas que impresionaban a todos.
Sin embargo, al llegar a la Plaza de Armas, la frase que
tantas veces nos mencionaron y que nos negamos a aceptarla y más bien a
acusarla de falsa, terminó golpeando nuestros recuerdos y lanzándonos a la dura
realidad: “Huallanca ya no es como antes, todo ha cambiado”.
¿Dónde está el cóndor? ¿Por qué está en su lugar ese toro
y torero pintados de un dorado tan huachafo? ¿Por qué han permitido que la Plaza
de Armas se convierta en una hedionda cantina? Los borrachos siempre han
existido en Huallanca, pero “carajo”, váyanse a su cantina a dar pena pero no
se pongan a dar un pésimo ejemplo y una imagen aberrante para la juventud en
plena Plaza de Armas.
“Huallanca ya no es como antes, todo ha cambiado”, nos
resonaba la frase constantemente como sacándonos pica. Como sea, con nuestros
hijos a cuestas hicimos lo posible por ver los faroles. Eso nos reconfortó: las
eternas formas de banderas, triángulos, toros, etc. Y la misma y emocionante
voz de César Peña resaltando las virtudes del trabajo de cada niño y cada
colegio, todo amenizado por la infaltable y melodiosa banda de músicos.
Toda esa calle transitada por los faroles tenía un tiempo
aparte, es decir, era una mezcla de realidad y fantasías nacidas de nuestros
recuerdos pasados: allí, en cada niño que se nos parecía revivíamos nuestros
momentos de pasar frente a la tribuna y recibir el aplauso de la gente. Sin
embargo, al dar la vuelta, veíamos a nuestras espaldas los escupitajos y restos
de cerveza babeada ensuciar el piso de nuestra amada Plaza de Armas.
Luego fuimos a ver el castillo. Todo conforme y
emocionante como siempre. Luego el sueño y al poco rato el amanecer en
Huallanca otra vez. Y el mismo agradable concierto animal en pleno campo: los
pájaros, las vacas, sus crías, las gallinas…
¿GANADERÍA
O AGRICULTURA?
Ya era el día 28 y la banda hacía retumbar su música.
Ahora su melodía era distinta, era la melodía para acompañar a los niños y
organizaciones en su desfile patrio. En Cañaveral, donde antes solo había
estiércol de chancho ahora era el escenario de una positiva Feria Regional
Ganadera. Allí pudimos observar hermosos ejemplares en ovinos y vacunos. Sin
embargo, si uno sale a otras regiones o recopila información de diversas
fuentes lo aparentemente positivo puede ser en realidad nada estratégico a
largo tiempo.
Hace años, al involucrarme en los movimientos ecologistas
en la capital, descubrí un informe de la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO), titulado “La sombra alargada de la
ganadería-aspectos medioambientales y alternativas”. Ahí alertaba que la cría
de vacunos en el mundo generaba más emisiones de gases que cualquier parque
automotor. El informe (2006) detallaba que la cría intensiva de ganado vacuno
era un factor importante en el calentamiento global al generar con el metano
(23 más veces más perjudicial que el CO2), el 18 por ciento del total, medidos
en su equivalente en dióxido de carbono (CO2).
Lo que tendríamos que analizar es el costo beneficio de
la ganadería frente a la agricultura en Huallanca. Según la tradicional
pirámide nutricional, la carne debe ser consumida solamente una vez por semana,
mientras que las frutas y verduras todos los días (constituyen el 50% de
nuestra dieta). En la actualidad, la Universidad de Harvard, ha presentado una
nueva forma de graficar la dieta adecuada, se trata del “Plato Saludable”. En
ella, explica con mejor claridad que entre las frutas, verduras y “CEREALES”
deben constituir el 75% de la dieta de las personas para mantener una salud adecuada.
Si nos ceñimos a esta corriente y su lógica, podremos
percibir que estratégicamente lo más conveniente en Huallanca es la siembra de
cereales andinos y verduras. Ya el cambio climático favorece hoy el desarrollo
de deliciosas verduras y todo tipo de cereales andinos como la quinua,
quiwicha, cañiwa, avena, etc. Todos ellos hoy son conocidos a nivel mundial,
especialmente la quinua, tanto que la FAO ha decidido nombrar al 2013 como Año
Internacional de la Quinua.
Deberíamos aprovechar que los cereales andinos que crecen
estupendamente en nuestra zona, estén -como dicen los economistas- “en
vitrina”, cotizados como los mejores alimentos y con reconocimiento mundial.
Mucho mejor si son ORGÁNICOS. Puno, a pesar de sus friajes, es hoy potencia en
cereales andinos con certificación de orgánicos.
No propongo, por cierto, eliminar la actividad ganadera,
sino, tan solo, mirar más allá y apostar por mejores opciones de negocio que
aprovechen adecuadamente nuestros suelos. Si las verduras, las frutas y los
cereales son el 75% de la dieta, ¿por qué apostar solo al 15% donde se ubican
las carnes (hay nutricionistas que proponen reducir su consumo solo una o dos
veces al mes y sustituirla por proteína vegetal que es más saludable)?
En fin, en el Perú, hace falta con urgencia desarrollar
una efectiva “zonificación económica-productiva”. Esto permitiría determinar el
desarrollo adecuado de cada región, es
decir, fijaría qué actividades son apropiadas en las distintas zonas
geográficas, ya sea de ganadería, agricultura, minería, pesca, etc. En el caso
de Huallanca, esto debería ser prioridad de las autoridades sin esperar al
gobierno central. Hay que entender que sin esta zonificación no se pueden hacer
planificaciones a largo plazo porque solo con esto se evita la superposición de
actividades que son conflictivas como el agro y la minería.
EL
MISMO TALÓN DE AQUILES: NO APRECIAR LO QUE TENEMOS
Huallanca ha cambiado, pero debería cambiar para que
mejore como conjunto, no tan solo los que trabajan en las minas. Para que sus
pobladores mejoren su calidad de vida y no tengan que migrar buscando una
carrera profesional cuando aquí hay todo lo necesario para salir adelante sin
pedir nada a nadie. Para ello, en principio, todos debemos cambiar nuestra
mentalidad de creernos pobres y necesitados de ayuda. Hay personas que en pleno
arenal desarrollan grandes extensiones de cultivos. A nosotros, ¿qué nos falta?
Solo decisión para romper nuestros paradigmas.
Uno de ellos es creer que con encementar las calles o con
cambiar el color de las rejas de la plaza mejorarán la ciudad. ¿No entienden
que el principal problema que tienen que atacar es la mala costumbre de
ensuciar las calles? Y eso no se soluciona con obras físicas sino con educación
hacia la ciudadanía. ¿De qué sirve una calle encementada si está llena de
basura? ¿De qué sirven las obras de agua y desagüe si todo termina contaminando
los ríos? ¿Cómo una persona que arroja desperdicios a la vía pública puede
sentir respeto o amor por su tierra? ¿Cómo con estos valores podría trabajar
por ella?
Por cierto, es muy escandaloso que todos comenten como
“normal” que las autoridades son desvergonzadamente corruptas. Que entran
pobres y salen ricos. ¿?.
Huallanca ha cambiado, y por consiguiente el mundo
también. Existe un gran abanico de propuestas para lograr desarrollos
sostenibles. Lo que pasa en Huallanca es lo que mismo que sucede en ciudades de
Asía, África, Europa, Norteamérica o centro y sur de nuestro continente. No son
problemas nuevos. Las recetas para solucionarlas tampoco, simplemente son
ignoradas porque muchas autoridades no tienen la visión necesaria para tomarlas
y llevarlas a la práctica. ¿Es mucho pedir autoridades con visión, capaces de
liderar los cambios y guiar a sus pueblos por las sendas del desarrollo?
Esperemos que no, y pronto. Si entendemos que las autoridades tienen la
obligación de velar por toda la ciudad como si fuera su casa, ¿no deberían
procurar mantenerla limpia, organizada y mejorando cada día?
La frase de “Huallanca ya no es como antes, todo ha
cambiado”, debería ser mencionada con entusiasmo por todos los paisano que
viven fuera y no con pena como ahora también tengo que hacerlo yo.
¿POR
QUÉ AQUÍ?
Por cierto, la feria taurina fue lo peor. Peleo constantemente
en Lima en contra de las corridas de toros porque son simplemente baños de
sangre que no abonan en la sensibilidad y respeto que debemos sentir hacia
todos los seres vivos y me vengo a encontrar con que ahora sí, aquí, matan
toros en las corridas. ¿Desde cuándo la
muerte puede ser motivo de celebración? Hoy se vive en el mundo una creciente
corriente para abolir esto, incluso en la misma España.
