El pasado miércoles, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se pronunció a favor de debatir sobre las droga en su país, aclaró que estaba en contra de la despenalización, pero que “veía una necesidad de pensar sobre las drogas más como un problema de salud pública”.
Dicen los medios que este hecho, de haberle quitado el “tabú” a la discusión sobre las drogas, es histórico.
Ante la pregunta de un ex policía, que aseguró haber perdido la fe tratando de combatir a las drogas, el mandatario norteamericano respondió: “La legalización de las drogas es un tema enteramente legítimo de debate”.
Pues bien, estoy de acuerdo en que es un tema de libre debate. Pero debe enterarse el señor Obama que eso ya es algo ampliamente debatido a nivel mundial, y como EE. UU. alberga a una gran cantidad de consumidores de droga, entendemos que esto podría parecer revolucionario cuando no es así.
Que no se haga zueco el señor Obama, sabe él que la prohibición de la droga genera enormes ganancias a las personas más oscuras de su país, personas con gran poder económico.
Acaso será un misterio para él que el sistema ha hecho de la penalización de las drogas una excelente excusa para invadir países, violar soberanías y contaminar ríos y plantas.
Dirá que no sabe de las familias contaminadas con los químicos que la DEA derrama con avionetas, bajo cómplice permiso de gobiernos corruptos.
¿Qué hay que discutir, señor Obama?, acaso, ¿cuánto perderán los ricos de su país que tienen dinero invertido en el negocio? ¿Estarán de acuerdo los ricos de su país dejar su tradicional vicio?
¿Qué hay que discutir, señor Obama? Tome decisiones. No invada países ni persiga a los productores, preocúpese en combatir a los adinerados consumidores de su país. Ellos tienen el dinero suficiente para mover toda la cadena de comercialización. Anule ese eslabón y no nos crea idiotas.
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