Lula Da
Silva nunca tuvo un partido familiar para hacerse de la presidencia del Brasil.
Tampoco lo tuvo Rafael Correa, en Ecuador. Menos Evo Morales, en Bolivia. Sin embargo
la actual situación en nuestro país es distinta: nuestro presidente electo sí
tiene un partido familiar y a éste le debe el puesto. Le debe y le necesita.
Miremos la
historia, no solo la nuestra sino la mundial. Los partidos políticos familiares
o grupos que concentran el poder fracasan. A estas alturas ya no estamos para
reyes, monarcas o dictaduras. Queremos democracia, un sistema donde el poder no
es unipolar, sino hay varios núcleos que en base al diálogo logran un consenso en
beneficio de las mayorías. En la democracia el poder se distribuye, no es
propiedad de una familia o un grupo.
Tanto Lula, Correa
como Morales no tienen un partido
familiar sino un partido de masas. Eso permite la formación y desarrollo de
nuevos líderes. Sus partidos políticos tienen escuelas de formación y
capacitación (el MAS de Morales en menor medida). Y no son improvisados.
En el
Partido Nacionalista Peruano la Escuela Política fue descabezada en principio y
disuelta después. Porque ponía en riesgo las cuotas de poder repartidas
familiarmente. Eso explica que ahora, en el 2011, llegados al poder carecen de
cuadros preparados y de confianza y se han visto obligados a recurrir a técnicos independientes.
Estas falencias
le pasarán facturas al gobierno de Ollanta Humala. Y en verdad ya lo han hecho,
como se vio con la “crisis Alexis”. Los dirigentes
de Gana Perú no supieron manejar la situación porque el dueño del partido
estaba en los Estados Unidos reunido con Barack Obama, cosa que era un logro
pero que se empañó terriblemente.
Apoyamos desde
nuestras posibilidades la campaña del ahora presidente, no porque hayamos visto
en él la representación del mesías que nos llevará al paraíso, sino porque
luchamos para que la mafia no llegue al poder e insulte nuestra dignidad de “demócratas”.
Por todo lo expuesto, siempre hemos señalado que Ollanta Humala es un caudillo.
Y los caudillos no son útiles para el engrandecimiento de la patria. Apoyaremos
no al gobierno que se inicia sino a la patria y a quien trabaje por ella.

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