27/7/11

Antes del 28


Lula Da Silva nunca tuvo un partido familiar para hacerse de la presidencia del Brasil. Tampoco lo tuvo Rafael Correa, en Ecuador. Menos Evo Morales, en Bolivia. Sin embargo la actual situación en nuestro país es distinta: nuestro presidente electo sí tiene un partido familiar y a éste le debe el puesto. Le debe y le necesita.

Miremos la historia, no solo la nuestra sino la mundial. Los partidos políticos familiares o grupos que concentran el poder fracasan. A estas alturas ya no estamos para reyes, monarcas o dictaduras. Queremos democracia, un sistema donde el poder no es unipolar, sino hay varios núcleos que en base al diálogo logran un consenso en beneficio de las mayorías. En la democracia el poder se distribuye, no es propiedad de una familia o un grupo.

Tanto Lula, Correa como Morales  no tienen un partido familiar sino un partido de masas. Eso permite la formación y desarrollo de nuevos líderes. Sus partidos políticos tienen escuelas de formación y capacitación (el MAS de Morales en menor medida). Y no son improvisados.

En el Partido Nacionalista Peruano la Escuela Política fue descabezada en principio y disuelta después. Porque ponía en riesgo las cuotas de poder repartidas familiarmente. Eso explica que ahora, en el 2011, llegados al poder carecen de cuadros preparados y de confianza y se han visto obligados a recurrir a  técnicos independientes.

Estas falencias le pasarán facturas al gobierno de Ollanta Humala. Y en verdad ya lo han hecho, como se vio con la “crisis  Alexis”. Los dirigentes de Gana Perú no supieron manejar la situación porque el dueño del partido estaba en los Estados Unidos reunido con Barack Obama, cosa que era un logro pero que se empañó terriblemente.

Apoyamos desde nuestras posibilidades la campaña del ahora presidente, no porque hayamos visto en él la representación del mesías que nos llevará al paraíso, sino porque luchamos para que la mafia no llegue al poder e insulte nuestra dignidad de “demócratas”. Por todo lo expuesto, siempre hemos señalado que Ollanta Humala es un caudillo. Y los caudillos no son útiles para el engrandecimiento de la patria. Apoyaremos no al gobierno que se inicia sino a la patria y a quien trabaje por ella.

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